Reflexiones
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Opinión Editorial
Una Tarea Inconclusa
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Dip. Esther Quintana Salinas:
Una Tarea Inconclusa
Con motivo del día internacional de la mujer
Los sociólogos tradicionalistas han desarrollado un enfoque diferente de ciudadanía, sin duda que la aportación más influyente sobre el tópico la dio el sociólogo inglés Thomas Humphrey, quien analiza el problema del cambio de significado de los derechos ciudadanos a lo largo de la historia en las sociedades capitalistas modernas. En sus estudios sobre la ciudadanía, al comparar las políticas sociales que implementaba el gobierno francés para apoyar a las madres que trabajaban fuera de casa, se encontró que se promovía la aceptación de las mismas como un derecho a recibir ayuda económica, sin embargo los mismos apoyos en Estados Unidos se consideraban caridad. Por lo que el estudio sugiere que las diferencias no sólo pueden apuntarse en un lapso de tiempo y espacio específico dentro de la misma sociedad, sino también a través de comparar con otras sociedades.
Partiendo de esta idea base, es posible explicarnos porque las mujeres latinas luchan por sus derechos ciudadanos y las africanas y musulmanas para poder sentarse a la mesa de su casa cuando hay invitados varones.
Traigo esto a colación por la celebración del día internacional de la mujer y coincido con las declaraciones, al respecto, de Kate Lifanda Freeman, consejera regional de UNICEF para la igualdad de los géneros: "Yo pienso que es una buena idea, debe ser festejado destacando las áreas de mayor progreso de la mujer y las que falta mejorar. Debe ser una oportunidad para el gobierno, las mujeres y otros interesados para evaluar su papel en la promoción de los derechos de la mujer”.
Subraya que en estás celebraciones “deben incluir a los hombres”. Todo lo que hace la mujer afecta al hombre. Todos tenemos que pararnos y preguntarnos ¿por qué se celebra este día?
Porque aunque en el año 2010 la gran mayoría de las mujeres pueden votar y las de países desarrollados han alcanzado significativamente la igualdad con el hombre, existen desafíos importantes. Expertos señalan que en los países nórdicos la situación de la mujer es actualmente óptima, pero en los países latinoamericanos como el nuestro, y no se diga en los africanos y asiáticos, hay todavía mucha tarea por realizar. La batalla por el respeto común y la igualdad universal no están ganadas, y por ello se debe seguir impulsando el que así suceda.
De ahí, de ese pendiente, es que las mujeres debemos esforzarnos por sacar de nuestro interior a la mujer que queremos ser, y si no está lista tenemos que abrirnos la puertas para que aprenda a ser y a hacer lo que soñamos. La sociedad de la que nosotras somos parte importantísima necesita mujeres maduras, activas, decididas, informadas, instruidas, que se amen a si mismas, que se aprecien por lo que son, que caigan en cuenta de su valía y de lo que sus cualidades y talentos significan para el desarrollo de su comunidad y principalmente para ellas mismas, que disfruten y paladeen el placer y la satisfacción de verse realizadas, independientes, autosuficientes y felices.
Por ello necesitamos empoderarnos, empoderarnos en el buen sentido, y es que empoderarse significa un montón de cosas, empezando porque una mujer empoderada está al mando de su propia vida. Empoderarnos es hacernos cargo de nosotras mismas y tomar el control sobre las problemáticas que se presenten en nuestra vida y decidir cómo vamos a resolverlas.
No se trata de un poder de dominación, de eso están hartas quienes lo han padecido, primero por el ejercido por los hombres de su familia, el padre o los hermanos, y luego le siguen con el del marido macho que se consiguen, y algunas llegan al extremo de permitirle a los hijos que educaron como machos, que también les pongan el pie en el pescuezo. El empoderamiento al que me refiero es el que requieren las mujeres para tener acceso a las mismas oportunidades que los varones, es por eso que a esto le falta mucho todavía.
Algo fundamental que tenemos que empeñarnos en aprender, porque constituye nuestro talón de Aquiles, es a ser solidarias entre nosotras mismas. No nos comamos entre mujeres, así nos dificultamos más el ascenso. Es una práctica – la solidaria - que los hombres realizan desde que se dieron cuenta que la caza del mamut no daba para colgarse medallas en solitario.
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